El Tiempo, la Ingle, y Un Gran Final

Las hojas caen. Los días parecen ser más cortos y estoy a punto de darme por vencida tratando de estar a la par con la madre naturaleza y sus repentinos cambios de tiempo: un día sudaderas, otro día shorts. El tiempo parece esconderse sin que nos demos cuenta. No puedo creer que la mitad de este año tan esperado y anhelado esté por concluir y que mis días de preparatoria pronto terminarán.

Tantas cosas imaginables han ocurrido que es difícil para mi comenzar a recordar. La que más me afectó (recientemente) ha sido el repentino final de mi carrera de danza. Honestamente, nunca pensé que el lastimarme la ingle (parte del cuerpo donde se junta el muslo con el vientre) me llevara a esto. Pero con solo escuchar el solemne tono de mi doctor cuando me anunció los resultados, me di cuenta de cuán delicada era mi lesión. Me tomó toda la fortaleza que tuve para poder borrar las lágrimas de mi cara. Desafortunadamente eso es lo que pasa cuando no estiras bien antes de una práctica. Las muletas se convirtieron en mi desagradable compañía y han estado conmigo desde ese momento.

A pesar de ello tengo mucho que celebrar. ¡Recién me han informado que he sido aceptada en la Universidad de Texas – Pan Americana! De hecho, he estado al tanto de cualquier posición que pueda estar disponible en su periódico. Dr. Selber, el director del departamento de comunicaciones, vino hace unas cuantas semanas a mi clase de anuario, a informarnos más sobre el tema de la universidad. Él nos dejó su dirección de correo electrónico y nos dijo que teníamos las puertas abiertas para aclarar cualquier duda que pudiéramos tener. ¡Estoy más feliz que nunca! Mis sueños de ser una periodista reconocida se ven cada día más cerca. Familiarizarme con el personal de la publicación será un gran final para la porción de preparatoria en mi vida.

Todavía me queda un par de semanas antes de salir a vacaciones de invierno; ¡qué malo! Preferiría el ritmo calmado que hasta ahora han caracterizado mis días. Y sé que cuando regrese, será menos el tiempo que permanecerá rondando en lo que es ahora mi oasis. Sigo esperando impacientemente con mis muletas a cuesta para enfrentar lo que se aproxima.

Hasta ahora he aprendido que nunca es muy temprano para que la gente reconozca tu nombre; para que nuestras decisiones no nos definan, y que a veces solo necesitamos tiempo, una caída, y un gran final, para crear una vida buena.