Soy parte de la historia
El mundo no para de girar, y mis pies se mantienen firmes. El clima todavía no se estabiliza, y yo continúo muy ocupada. Todo sigue bien, o si no, mejor. Lleno formularios de becas cada día, y todo lo demás está listo.
A veces me siento como si no pudiera con todo. La escuela, el trabajo, mis clases de universidad, mi blog, el anuario, el periódico, el mundo, mi familia, mi relación (sí tengo una), y mi cordura, todo parece estar revuelto. Permanezco calmada la mayor parte del tiempo; no me doy por vencida. Pensar en el futuro, sabiendo que esto es todo lo va a contar pronto realmente ayuda mucho. Sé que puedo hacerlo, sólo necesito mantener una actitud positiva.
Ahora, mi vida se vio afectada por un acontecimiento tan monstruoso que es necesario compartirlo con ustedes. El asunto está en todas las noticias, en revistas, y en Internet. Haití, el país más pobre del mundo, fue golpeado por un terrible terremoto hace unas cuantas semanas. Más de 150,000 personas han perdido la vida, y hay miles de heridos en la isla.
El área donde resido, El Valle de Río Grande en Texas, es una de las áreas más pobres de los Estados Unidos. Sin embargo, la pobreza no fue un obstáculo a la hora de tratar de ayudar.
Con tal de hacer un esfuerzo por ayudar, los estudiantes de último año de secundaria de 2010 que toman la clase de inglés con la maestra Linda García (incluida esta servidora), organizaron un proyecto llamado “Zapatos para Haití”.
El periódico The Monitor publicó una historia sobre nuestro esfuerzo en la primera página. Pero eso fue nada comparado con la abrumadora sensación de esperanza que sentimos. Esperanza de que hayamos contribuido, esperanza de que nadie se olvidará de la unidad que caracterizó a mi escuela estos últimos tres días. Todavía trae lágrimas a mis ojos nada más pensar en todo. Hice un esfuerzo grande para no llorar (aunque la mayoría de nosotros simplemente no podíamos dejar de hacerlo).
Valió la pena el esfuerzo por la causa, en aras de uno no sentirse impotente. Fue algo diferente, y nos sentimos bien al hacer algo diferente. Era una manera de ponerme en los zapatos de otros (literalmente) y darle una mano a quien verdaderamente lo necesita. Ahí estaba yo, pensando que nada emocionante sucedía en mi pequeño rincón del mundo, y ahora – soy parte de la historia.

